miércoles, 21 de mayo de 2014

VLADIMIRO MONTESINOS EN SU LABERINTO



La Psiquiatría y Psicología Criminalística, han establecido que la vanidad, el deseo de salir con grandes titulares  y sendas fotografías, en la prensa. El deseo de crear una confusión en el ánimo del magistrado. Pueden acarrear también la confesión falsa de un individuo. Entre las causas patológicas, que pueden producir una confesión falsa, podemos recordar el masoquismo, los delirios de diversa índole, como los paranoicos, la neurosis, la histeria.


Muchas veces es difícil descubrir estas anormalidades mentales y de allí que, tanto el psicólogo, como el psiquiatra, deben intervenir para valorar, previamente, hasta donde es creíble, la confesión que el individuo ha hecho. El deseo de hacer daño alguien, puede motivar un testimonio falso, para que se castigue a una persona. La vanidad es en este caso una tentación más fuerte, que en el caso de la confesión de culpabilidad. El falso testimonio puede ser, como la confesión falsa, una maniobra para desorientar la justicia, con hechos y datos contradictorios. El sádico podrá culpar a una persona inocente para verlo sufrir. El neurótico, el histérico, declaran falsos hechos, sin que muchas veces nadie se dé cuenta. Estos enfermos son muy sugestionables y al magistrado pueden sugerirle una declaración falsa. Una vez producido el error, se aferrarán con tenacidad a la versión dada.


Vladimiro Montesinos, es una persona enferma, su conducta psicopatía y mitómana, lo descalifican para tomar en cuenta alguna versión que éste pueda dar.


Las personalidades psicopáticas, tanto en la doctrina como en la práctica clínica se ha consagrado el criterio que excluye el aspecto morfológico, encarando solamente el estudio de los caracteres propios el desequilibrio psíquico que define la personalidad psicopática como anomalía constituida por fallas unilaterales o circunscritas de la actividad mental.


Las anomalías de conducta traducidas, según el caso por la indolencia, la indisciplina, la agresividad, la crueldad, la tendencia al delito. Constituirían el trastorno más aparente de esos diversos tipo de personalidades psicopáticas; y la mayor parte de los psiquiatras alemanes, como Schneider, Khan, Homburger, Kretschmer, Jaspers  Bumke, han adoptado el criterio de Kraepelin, describiendo diversas variedades de anormalidades de esa índole.


Kraepelin se refirió a los inestables, los mentirosos y farsantes, los excitables, los impulsivos; Schneider, a los hipertímicos, los fanáticos, los necesitados de estimación, los explosivos, los desalmados, los abúlicos y los asténicos; Khan ha señalado a los angustiados, los sensibles, los obsesivos, los excitables, los hipertímicos, los fríos, los impulsivos, los histéricos. La concepción que individualiza las personalidades emotiva, perversa, ciclotímica, esquizoide, paranoica y  mitómana, de fundamento menos analítico que el aplicado por los criterios, responde mejor a las necesidades de orden clínico y medicoforense.


La personalidad perversa es la anomalía propia de la personalidad perversa es la hipogenesia o agenesia de la afectividad, que contrasta con el desarrollo prácticamente normal de la inteligencia y redunda en el predominio de los factores instintivos o inferiores de la vida afectiva, acertadamente sintetizados por Régis, moralidad, inafectividad, inadaptabilidad e impulsividad. Son los individuos que Pritchard denominó “locos morales”, que han llamado siempre la atención de los psiquiatras  criminólogos y que, según dice aquel autor, “con todas las apariencias de un sano juicio, se dejan arrastrar de un modo inconsciente  paroxístico a excesos, a cambios de conducta, a inmoralidades verdaderamente patológicas”.


“Los locos morales manifiestan desde la infancia sus tendencias perversas; no aman a nadie; las caricias les importunan; son insensibles a los regaños lo mismo que a los elogios, al dolor como a la alegría de su familia; la desobediencia y la mentira son para ellos una necesidad, a la que no pueden sustraerse; vanidosos, orgullosos de sí mismos, no toleran la menor indicación y hacen lo contrario de lo que se les dice. Fácilmente irritables por la menor contrariedad, tienen violentos accesos de cólera que se acompañan de movimientos impulsivos más o menos peligrosos. Celosos, rencorosos, vengativos, buscan hacer daño a aquellos de los que creen tener queja, y son capaces de preparar callada y pacientemente una venganza, que llevan hasta la ferocidad.


Se trata, en suma, de seres en cuya actividad psíquica no se vislumbra ningún calor afectivo, ningún sentimiento altruista, lo que equivale a decir que son glaciales  insensibles; la anormalidad comporta, además perversión de los instintos. Este último carácter patológico se traduce por trastornos del instinto de conservación, del instinto de reproducción y del instinto de sociabilidad.


Todos señalaron claramente sus atributos psicológicos inequívocos que Ferri sintetizó, se trata de tipos de hombres salvajes y brutales, o pérfidos que no distinguen el delito en general, de cualquier actividad honrada; reincidentes incorregibles, que tienen acerca del delito y de la pena ideas y sentimientos por completo opuestos a los que legisladores y criminalistas es atribuyen.


El mismo autor atribuye, la insensibilidad moral, indiferencia ante el sufrimiento ajeno, ferocidad fría en el crimen, impasibilidad apática después del delito, indiferencia para la propia muerte, insensibilidad para los cómplices, delaciones y acusaciones recíprocas, fatalismo y falso coraje, futilidad de los motivos criminógenos, ineficacia de la intimidación penal, audacia e insensibilidad durante el proceso o al presentarse en público o ante los jueces, el mismo comportamiento después de conocer la condena, falta de remordimiento, persistencia de la negativa o cínica confesión, vanidad criminal, falta de repugnancia a la idea homicida, incomprensión de la gravedad del hecho, daltonismo moral, pasión por el juego, y los placeres, prodigalidad excesiva”.


La personalidad paranoica es la personalidad paranoica comporta una desarmonía mental por defectuosa calidad del juicio, que se manifiesta por la tendencia viciosa a inferir, oscilando entre la simple susceptibilidad y la interpretación aviesa, siempre mal avenida con la conveniencia personal.


Los rasgos esenciales de esta anomalía son: el sentimiento de orgullo o vanidad, al que se suele denominar “autofilia” o “egocentrismo”, la susceptibilidad tendenciosa, la desconfianza y la tendencia paralógica del juicio.


Muchos observadores señalan que uno de los rasgos fundamentales de este tipo de personalidad psicopática lo constituye la propensión a la autoreferencia, es decir, a la creencia de que los sucesos exteriores están dirigidos hacia uno mismo, de una manera significativa.


La personalidad mitómana dice Dupre que es “la tendencia patológica más o menos voluntaria y consciente a la mentira y a la creación de fábulas imaginarias”; y según Delmas, sería “una tendencia innata, casi impulsiva, a la tergiversación de los hechos y a la creación de mentiras, fábulas y mitos en las palabras, las actitudes y los actos”.


Todos los autores destacan tres aspectos o rasgos fundamentales de esta personalidad psicopática, que predispone a la histeria: la sugestibilidad, y la mitomanía. Además, muestran tendencia apreciable a las comedias, las fabulaciones y las mentiras; y su propia existencia constituye, a sus propios ojos, una falsificación constante de sus relaciones con los demás, una serie discontinua de escenas y de aventuras imaginarias.


Mayer Gross señala, con razón, que todos los psiquiatras clínicos están de acuerdo en que existe una relación estrecha entre los síntomas histéricos y la estructura propia de la llamada personalidad mitómana; y que los principales rasgos de esta última pueden encuadrarse de un modo amplio en la denominación de inmadurez e inestabilidad afectiva.


Nerio Rojas describe tres formas de constitución mitómana, cuyos caracteres específicos suelen presentarse entremezclados con: la vanidosa, que se manifiesta por el deseo de llamar la atención, invenciones, fanfarronería; la maligna, con tendencia a la mistificación, la calumnia, la falsa imputación; y la perversa, que promueve acusaciones maliciosas, estafas y difamaciones públicas.


A ese aspecto, la observación clínica enseña que abundan los mitómanos con tendencias paranoicas y sadísticas, por lo cual sus declaraciones no pueden ser tomadas como válidas, por cuanto, estamos frente a una persona proclibe a la mentira y al tener la realidad de los hechos.


LIMA, JULIO 24 DE 2008


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