La Psiquiatría y Psicología Criminalística, han establecido que la
vanidad, el deseo de salir con grandes titulares y sendas fotografías, en la prensa. El deseo
de crear una confusión en el ánimo del magistrado. Pueden acarrear también la
confesión falsa de un individuo. Entre las causas patológicas, que pueden
producir una confesión falsa, podemos recordar el masoquismo, los delirios de
diversa índole, como los paranoicos, la neurosis, la histeria.
Muchas veces es difícil descubrir estas anormalidades mentales y de allí
que, tanto el psicólogo, como el psiquiatra, deben intervenir para valorar,
previamente, hasta donde es creíble, la confesión que el individuo ha hecho. El
deseo de hacer daño alguien, puede motivar un testimonio falso, para que se
castigue a una persona. La vanidad es en este caso una tentación más fuerte,
que en el caso de la confesión de culpabilidad. El falso testimonio puede ser,
como la confesión falsa, una maniobra para desorientar la justicia, con hechos
y datos contradictorios. El sádico podrá culpar a una persona inocente para
verlo sufrir. El neurótico, el histérico, declaran falsos hechos, sin que
muchas veces nadie se dé cuenta. Estos enfermos son muy sugestionables y al
magistrado pueden sugerirle una declaración falsa. Una vez producido el error,
se aferrarán con tenacidad a la versión dada.
Vladimiro Montesinos, es una persona enferma, su conducta psicopatía y
mitómana, lo descalifican para tomar en cuenta alguna versión que éste pueda
dar.
Las personalidades psicopáticas, tanto en la doctrina como en la
práctica clínica se ha consagrado el criterio que excluye el aspecto
morfológico, encarando solamente el estudio de los caracteres propios el
desequilibrio psíquico que define la personalidad psicopática como anomalía
constituida por fallas unilaterales o circunscritas de la actividad mental.
Las anomalías de conducta traducidas, según el caso por la indolencia,
la indisciplina, la agresividad, la crueldad, la tendencia al delito. Constituirían
el trastorno más aparente de esos diversos tipo de personalidades psicopáticas; y la mayor parte de los psiquiatras
alemanes, como Schneider, Khan, Homburger, Kretschmer, Jaspers Bumke, han adoptado el criterio de Kraepelin,
describiendo diversas variedades de anormalidades de esa índole.
Kraepelin se refirió a los inestables, los mentirosos y farsantes, los
excitables, los impulsivos; Schneider, a los hipertímicos, los fanáticos, los
necesitados de estimación, los explosivos, los desalmados, los abúlicos y los
asténicos; Khan ha señalado a los angustiados, los sensibles, los obsesivos,
los excitables, los hipertímicos, los fríos, los impulsivos, los histéricos. La
concepción que individualiza las personalidades emotiva, perversa, ciclotímica,
esquizoide, paranoica y mitómana, de
fundamento menos analítico que el aplicado por los criterios, responde mejor a
las necesidades de orden clínico y medicoforense.
La personalidad perversa es la anomalía propia de la personalidad
perversa es la hipogenesia o agenesia de la afectividad, que contrasta con el
desarrollo prácticamente normal de la inteligencia y redunda en el predominio
de los factores instintivos o inferiores de la vida afectiva, acertadamente
sintetizados por Régis, moralidad, inafectividad, inadaptabilidad e
impulsividad. Son los individuos que Pritchard denominó “locos morales”, que
han llamado siempre la atención de los psiquiatras criminólogos y que, según dice aquel autor,
“con todas las apariencias de un sano juicio, se dejan arrastrar de un modo
inconsciente paroxístico a excesos, a
cambios de conducta, a inmoralidades verdaderamente patológicas”.
“Los locos morales manifiestan desde la infancia sus tendencias
perversas; no aman a nadie; las caricias les importunan; son insensibles a los
regaños lo mismo que a los elogios, al dolor como a la alegría de su familia;
la desobediencia y la mentira son para ellos una necesidad, a la que no pueden
sustraerse; vanidosos, orgullosos de sí mismos, no toleran la menor indicación
y hacen lo contrario de lo que se les dice. Fácilmente irritables por la menor
contrariedad, tienen violentos accesos de cólera que se acompañan de
movimientos impulsivos más o menos peligrosos. Celosos, rencorosos, vengativos,
buscan hacer daño a aquellos de los que creen tener queja, y son capaces de
preparar callada y pacientemente una venganza, que llevan hasta la ferocidad.
Se trata, en suma, de seres en cuya actividad psíquica no se vislumbra
ningún calor afectivo, ningún sentimiento altruista, lo que equivale a decir
que son glaciales insensibles; la
anormalidad comporta, además perversión de los instintos. Este último carácter
patológico se traduce por trastornos del instinto de conservación, del instinto
de reproducción y del instinto de sociabilidad.
Todos señalaron claramente sus atributos psicológicos inequívocos que
Ferri sintetizó, se trata de tipos de hombres salvajes y brutales, o pérfidos
que no distinguen el delito en general, de cualquier actividad honrada;
reincidentes incorregibles, que tienen acerca del delito y de la pena ideas y
sentimientos por completo opuestos a los que legisladores y criminalistas es
atribuyen.
El mismo autor atribuye, la insensibilidad moral, indiferencia ante el
sufrimiento ajeno, ferocidad fría en el crimen, impasibilidad apática después
del delito, indiferencia para la propia muerte, insensibilidad para los
cómplices, delaciones y acusaciones recíprocas, fatalismo y falso coraje,
futilidad de los motivos criminógenos, ineficacia de la intimidación penal,
audacia e insensibilidad durante el proceso o al presentarse en público o ante
los jueces, el mismo comportamiento después de conocer la condena, falta de
remordimiento, persistencia de la negativa o cínica confesión, vanidad
criminal, falta de repugnancia a la idea homicida, incomprensión de la gravedad
del hecho, daltonismo moral, pasión por el juego, y los placeres, prodigalidad
excesiva”.
La personalidad paranoica es la personalidad paranoica comporta una
desarmonía mental por defectuosa calidad del juicio, que se manifiesta por la
tendencia viciosa a inferir, oscilando entre la simple susceptibilidad y la
interpretación aviesa, siempre mal avenida con la conveniencia personal.
Los rasgos esenciales de esta anomalía son: el sentimiento de orgullo o
vanidad, al que se suele denominar “autofilia” o “egocentrismo”, la
susceptibilidad tendenciosa, la desconfianza y la tendencia paralógica del
juicio.
Muchos observadores señalan que uno de los rasgos fundamentales de este
tipo de personalidad psicopática lo constituye la propensión a la
autoreferencia, es decir, a la creencia de que los sucesos exteriores están
dirigidos hacia uno mismo, de una manera significativa.
La personalidad mitómana dice Dupre que es “la tendencia patológica más
o menos voluntaria y consciente a la mentira y a la creación de fábulas
imaginarias”; y según Delmas, sería “una tendencia innata, casi impulsiva, a la
tergiversación de los hechos y a la creación de mentiras, fábulas y mitos en
las palabras, las actitudes y los actos”.
Todos los autores destacan tres aspectos o rasgos fundamentales de esta
personalidad psicopática, que predispone a la histeria: la sugestibilidad, y la
mitomanía. Además, muestran tendencia apreciable a las comedias, las
fabulaciones y las mentiras; y su propia existencia constituye, a sus propios
ojos, una falsificación constante de sus relaciones con los demás, una serie
discontinua de escenas y de aventuras imaginarias.
Mayer Gross señala, con razón, que todos los psiquiatras clínicos están
de acuerdo en que existe una relación estrecha entre los síntomas histéricos y
la estructura propia de la llamada personalidad mitómana; y que los principales
rasgos de esta última pueden encuadrarse de un modo amplio en la denominación
de inmadurez e inestabilidad afectiva.
Nerio Rojas describe tres formas de constitución mitómana, cuyos
caracteres específicos suelen presentarse entremezclados con: la vanidosa, que
se manifiesta por el deseo de llamar la atención, invenciones, fanfarronería;
la maligna, con tendencia a la mistificación, la calumnia, la falsa imputación;
y la perversa, que promueve acusaciones maliciosas, estafas y difamaciones
públicas.
A ese aspecto, la observación clínica enseña que abundan los mitómanos
con tendencias paranoicas y sadísticas, por lo cual sus declaraciones no pueden
ser tomadas como válidas, por cuanto, estamos frente a una persona proclibe a
la mentira y al tener la realidad de los hechos.
LIMA, JULIO 24 DE 2008
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