Lima, la Ciudad de los
Reyes constituye el Centro del país, en lo económico, cultura, político y
social. El centralismo que padecemos desde la Colonia nos ha hecho mucho daño.
Es clamoroso comprobar que existan pueblos en el interior que padezcan de los
elementales servicios y recursos, pueblos que pese al esfuerzo y trabajo de sus
hijos, no han logrado alcanzar el desarrollo deseado.
Que la experiencia pasada
nos sirva de ejemplo y no hacer de este proceso sin rumbo, sin el real
convencimiento de sus grandes alcances, que esto sea un proceso de integración
de la Comunidad de todo el país. El proceso de regionalización es una tarea
nacional impostergable que requiere de un sustento económico y de condiciones
políticas.
La Región tiene que tener
una real autonomía económica, administrativa y política deben ser entes de
desarrollo dentro de los parámetros de la estructura y las políticas de Estado.
La Descentralización es un asunto de magnos alcances, y como tal debe
proyectarse bien, que no se imponga, que no se le convierta en un proceso de
entusiasmo y apresuramiento al cual suelen acudir los gobernantes de turno.
Hay que crear los canales
para su realización a la realidad en armonía con el Estado y la Sociedad, demos
un paso adelante, pero hay que ir a la traslación real del poder. La coyuntura
actual ha despertado entusiasmo en que la Descentralización debe convertirse en
un proyecto real de transformación y cambio con la movilización del país,
haciendo de ella una herramienta de desarrollo y trabajo.
Cada región debe poseer
las posibilidades para un desarrollo sostenido, para lograr su desarrollo debe
sustentarse en los ejes productivos-sociales que potencian los recursos
principales que poseen, integrándose a un plan nacional del cual son parte el
desarrollo nacional, debe buscarse afianzar los poderes en base a la voluntad
democrática y a las fuerzas representativas de la Región.
La descentralización por
su importancia en el proceso de desarrollo, debe constituirse en la viga
maestra de la política del Estado, de manera, que en el marco legal en que se
desarrollen no puedan ser afectadas por disposiciones que directa o
indirectamente las desvirtúen. Que se haga un proceso consistente y realista,
que revierta la actual tendencia centralista, promueva la integración nacional,
y el desarrollo armónico de las regiones. Que se formule un Programa
descentralizador que permita a los pueblos disfrutar de sus riquezas naturales
y desarrollarse en forma equilibrada y natural.
Debemos continuar la
movilización entorno a la auténtica plataforma de descentralización, concretar
este propósito resulta muy complejo. Este proceso requiere necesariamente un
cambio radical de las realidades actuales, donde no exista desarrollos
desiguales, presentando un país completamente desarticulado, donde exista el
pluralismo social y cultural.
Creemos
firmemente en la descentralización del país, con cambios políticos, económicos
y sociales reconociéndoles su real autonomía a la Región y que les otorga la
Constitución del Estado, que este proceso nos lleve a forjar una Patria, donde
los sueños se hagan realidad, se abran las puertas de la esperanza nacional y
conciliar la Legislación, dando inicio a la descentralización, para lograr el
desarrollo nacional.
JULIO CÉSAR CASTIGLIONI
GHIGLINO
Lima, 20 de agosto de 2002
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